Aquel cielo azul... inmovil, con sus pecas brillantes sobre mi. No sé ni como expresarme.
Tal vez la mera casualidad de Sartre sea cierta, o tal vez mis creencias del destino son más que objetivas, pero algo sé; nada sucede por gusto.
Aquel día que vi pasar esa luz, supe que el destino del mundo había dado un gran giro. Pero qué podría hacer yo, un simple estudiante universitario, con una vida más que normal, despreocupado y con ninguna habilidad en especial. Simplemente seguir viviendo..
¿Pero por qué ese conformismo? Tal vez exista en mi interior un miedo al cambio... pero no se puede escapar a lo inevitable. Ya era demasiado tarde.
A la mañana siguiente de ver aquella luz recibi una carta. No tenía nombre, ni dirección, pero estaba escrita a mano. La apariencia del mensaje era como la de una carta nueva, común y corriente pero tenia algo que resaltaba a la vista: una mancha roja, aparentemente de sangre.
"Nadie esta libre de ser juzgado, aquel que no peca contra el resto peca consigo mismo por el simple hecho de intentar negar su naturaleza humana. Aquel que peca contra el resto es condenado por sus semejante. Pero los condenados se revelaran y los puros aclamaran justicia, y todo se destruira para dar paso al nuevo mundo"
Un nuevo mundo... eh..